Mostrar y envolver: discursos expositivos para la orfebrería

Recientemente hemos visitado la Colección del Delfín en el Museo Nacional del Prado, una colección que agrupa un conjunto de piezas de magnífica calidad y singular belleza. Tuvimos ocasión de visitarla prácticamente en exclusiva, incluso tratándose de un domingo por la mañana, un día en que apenas pudimos disfrutar de otras salas del museo por la gran afluencia de visitantes. Confirmamos que las artes decorativas continúan siendo objeto de un público menor o muy especializado.  Pero nos interesa detenernos en la forma de exhibir estas piezas: debemos adentrarnos en los pasillos, descender dos paños de escaleras e introducirnos en el subsuelo, atravesar una puerta de seguridad de 20 cm de grosor y acceder finalmente a la cámara secreta, en penumbra, con la luz exacta para contemplar maravillados los detalles del tesoro.

Una de las vivencias más características en la exposición de orfebrería es la que ofrece la cripta, un lugar reservado dentro de las propias iglesias para la exhibición de estos tesoros; un ejemplo representativo lo encontramos en la Basílica de San Sernín en Toulousse cuya cripta, ubicada bajo el altar y con acceso desde la girola,  alberga sus joyas en un espacio que predispone a una relación personal con ellas. En otras ocasiones se aprovecha el propio armario de reliquias para la exhibición de orfebrería.

Es evidente que el valor crematístico de las piezas obliga a exponerlas en condiciones de seguridad que garanticen su protección frente al vandalismo. Pero adivinamos también la intención de potenciar una comunicación íntima, la apreciación de los pequeños detalles y el sentido espiritual que para muchos contienen algunas de estas obras. La iluminación tenue y precisa, espacios acotados y la necesidad de proximidad para la contemplación son recursos que interrogan al visitante despertando una experiencia que va del misterio al asombro, de la sorpresa a la emoción.

¿Qué sucede cuando la orfebrería ha de exponerse fuera de su contexto? Los museos dedican salas exclusivas para la exposición de estos objetos, incluso la temática de algunos de ellos se concentra en la orfebrería -Grünes Gewölbe de Dresde, Musée de Cluny en París-. Es complicado, especialmente cuando se trata de espacios amplios donde las piezas pasan aún más desapercibidas y tienen que competir con otros objetoartísticos. Existe la alternativa de la ambientación de la pieza en cuanto a su función, ya sea litúrgica o decorativa.  Nos ha llamado especialmente la atención el caso del Museo Diocesano de Zaragoza, donde podemos ver expuestas cruces procesionales dipuestas de tal manera que se enfatiza visualmente esta función de exhibición pública.

Nos gustaría recalcar, más allá de la opción a la hora de exponer orfebrería, la necesidad de dar a conocer de manera explícita aspectos relacionados con el funcionamiento de los talleres para comprender la manufactura de estas piezas, su contexto social y económico, la tecnología utilizada y el uso para el que fueron realizadas, como parte viva de una historia pocas veces contada que enriquece nuestro patrimonio cultural.

 

Anónimo
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